Hoy, 17 de septiembre de 2011, se celebra el tercer aniversario de este blog. En este tiempo 130 seguidores/amig@s me han honrado con su interés y fidelidad, el número de visitantes supera los 15.000 (nunca lo habría imaginado para un blog de poemas), he publicado 161 entradas, es decir, aproximadamente una entrada semanal.
A mi me parece un momento importante para hacer una reflexión y tomar aire. No digo que cierre el blog, tampoco que desaparezco una temporada, solo que voy a tomar aire y cuando me parezca bien y me vuelvan las ganas publico otra vez. Sé que mis fieles me entenderán.
A todos, gracias, muchas gracias, por vuestras visitas, por vuestros comentarios siempre tan entrañables, y...!hasta pronto!.
José María
Les gusta mi poesía
sábado, 17 de septiembre de 2011
domingo, 4 de septiembre de 2011
FURTIVO
A la par que en el blog de Letras Libres, publico esta entrada que es un complemento de la anterior:
Furtivo,
Siempre me he considerado un furtivo
Como besos robados en un portal,
Como mano que finge estar perdida al roce con otra piel
Como quien lucha por descubrir su identidad sexual y se rinde ante un amor
Como amante que se retira satisfecho precozmente
Siempre me he considerado un furtivo,
Como gaviota en el estanque del Retiro madrileño
Como turista que irrumpe en el culto de un templo
Como broma jocosa que se cuenta en un velatorio
Como respuestas susurradas del examen definitivo
Siempre me he considerado un furtivo,
Como luna que se percibe entre estratos y cúmulos
Como conductor ebrio escapando del control policial
Como estrella fugaz en noche de San Lorenzo
Como traficante de sueños que altera la pureza de su mercancía
Siempre me he considerado un furtivo,
Como emigrante recogido en la playa de las mezquindades
Como idea que altera el sosiego del político
Como relámpago que ilumina las miserias cotidianas
Como solución ignorada que perjudica al poder
Sí, siempre me he considerado un furtivo,
¿O acaso debería decir mejor un clandestino?
Furtivo,
Siempre me he considerado un furtivo
Como besos robados en un portal,
Como mano que finge estar perdida al roce con otra piel
Como quien lucha por descubrir su identidad sexual y se rinde ante un amor
Como amante que se retira satisfecho precozmente
Siempre me he considerado un furtivo,
Como gaviota en el estanque del Retiro madrileño
Como turista que irrumpe en el culto de un templo
Como broma jocosa que se cuenta en un velatorio
Como respuestas susurradas del examen definitivo
Siempre me he considerado un furtivo,
Como luna que se percibe entre estratos y cúmulos
Como conductor ebrio escapando del control policial
Como estrella fugaz en noche de San Lorenzo
Como traficante de sueños que altera la pureza de su mercancía
Siempre me he considerado un furtivo,
Como emigrante recogido en la playa de las mezquindades
Como idea que altera el sosiego del político
Como relámpago que ilumina las miserias cotidianas
Como solución ignorada que perjudica al poder
Sí, siempre me he considerado un furtivo,
¿O acaso debería decir mejor un clandestino?
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Versos con...cupiscentes
miércoles, 17 de agosto de 2011
CLANDESTINOS
En el verano de 2009, el Colectivo de Letras Libres abordó realizar textos para editar un fascículo, cuyo título se decidió por unanimidad que podría llamarse “KLAN-DESTINOS”.
El trabajo quedó paralizado a los pocos meses, al enfrascarse en otras tareas. Ahora, dos años después se retoma, y entonces observamos que los textos que ya estaban escritos entroncan muy directamente con el movimiento de “indignados” del 15M (15 de mayo de 2011), es decir nos habíamos adelantado, lo cual significaba que el malestar que ese movimiento saca a la calle, ya germinaba en nuestras mentes y, seguramente, en la de muchos españoles.
Como anticipo al fascículo que podría ver la luz en septiembre de 2011, este texto que pertenece a los escritos hace dos años:
No somos de ningún clán
Solo nos guía el destino
Si tienen que definirnos
Pueden decir “clandestinos”
Queremos poder soñar
Con cambiar la sociedad
Eliminar las barreras
Anulando las fronteras
Que separan los países
Que todo el mundo sea libre
Que acaben las dictaduras
Y las falsas democracias
Que se basan en falacias
Dejen paso a la verdad
Que el ser humano libere
Su orgullo y su dignidad
Pues nadie es menos que otro
Y nadie debe impedir
El reparto de los bienes
Que todos puedan vivir,
Que no haya hambre en el mundo,
No haya niño sin escuela
Ni un enfermo sin doctor
Que la paz sea el remedio
Que nos alivie el dolor
Y así, soñando, soñando…
Permítannos entonar
Este pequeño homenaje
A la clandestinidad:
“Es mejor estar prohibido,
Olvidado, perseguido,
Por media humanidad,
Si con ello ayudamos
A que la otra mitad
Pueda pensar que algún día
Tendrá su oportunidad.
¡Que no sea una utopía!,
Permítaseles luchar
Para hacerlo realidad”
El trabajo quedó paralizado a los pocos meses, al enfrascarse en otras tareas. Ahora, dos años después se retoma, y entonces observamos que los textos que ya estaban escritos entroncan muy directamente con el movimiento de “indignados” del 15M (15 de mayo de 2011), es decir nos habíamos adelantado, lo cual significaba que el malestar que ese movimiento saca a la calle, ya germinaba en nuestras mentes y, seguramente, en la de muchos españoles.
Como anticipo al fascículo que podría ver la luz en septiembre de 2011, este texto que pertenece a los escritos hace dos años:
No somos de ningún clán
Solo nos guía el destino
Si tienen que definirnos
Pueden decir “clandestinos”
Queremos poder soñar
Con cambiar la sociedad
Eliminar las barreras
Anulando las fronteras
Que separan los países
Que todo el mundo sea libre
Que acaben las dictaduras
Y las falsas democracias
Que se basan en falacias
Dejen paso a la verdad
Que el ser humano libere
Su orgullo y su dignidad
Pues nadie es menos que otro
Y nadie debe impedir
El reparto de los bienes
Que todos puedan vivir,
Que no haya hambre en el mundo,
No haya niño sin escuela
Ni un enfermo sin doctor
Que la paz sea el remedio
Que nos alivie el dolor
Y así, soñando, soñando…
Permítannos entonar
Este pequeño homenaje
A la clandestinidad:
“Es mejor estar prohibido,
Olvidado, perseguido,
Por media humanidad,
Si con ello ayudamos
A que la otra mitad
Pueda pensar que algún día
Tendrá su oportunidad.
¡Que no sea una utopía!,
Permítaseles luchar
Para hacerlo realidad”
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martes, 2 de agosto de 2011
La crisis
Ahora que tanto se habla de "crisis", extraigo este texto escrito hace unos años, cuando empezaba este monumental caos, en el que intento reflejar lo que de verdad es una crisis...todo lo demás son pamplinas
Ricardo estaba preocupado por Juan, su entrañable amigo y compañero de curro. Hacía tres días que no asistía al trabajo y, que Ricardo recordara, era la primera vez que se producía una ausencia tan prolongada, pues Juan sería un tipo muy juerguista y trasnochador, ahora bien, para cumplir en el curro era siempre el primero. Así que, aunque le daba cierto corte, decidió llamar a su casa a ver que le ocurría.
Se puso Matilde, su mujer, a la que Ricardo conocía solo del día de la boda y por lo tanto no tenía con ella mucha confianza, pero suficiente para preguntarle por Juan “es que como lleva tres días ausente, pues me pregunto si estará bien o si necesita algo”.
Matilde, muy correcta, le agradeció su interés, pero no fue muy explícita en sus explicaciones, se limitó a decir “lo está pasando muy mal, es por esto de la crisis, pero esperamos que en unos días se le pase u vuelva a la normalidad. Le diré que has llamado, gracias por tu interés”. Ricardo se quedó sorprendido por la respuesta, pero no quiso indagar más, en la espera de que pronto recuperaría a su amigo y se explicaría todo.
Pasaron varios días y, una tarde, se topó con Inés, la hermana de Juan, a quien conocía de cuando estaban solteros e iba a casa de sus padres. Aprovechó para preguntar por él. Inés pareció incómoda con la pregunta, pero, pese a ello, le explicó “Mira Ricardo, la verdad es que no se lo quieren decir a nadie, porque pensaban que era algo pasajero pero pasan los días y no parece recuperarse. Es la dichosa crisis esa que le tiene doblao”. Una vez más Ricardo se quedó atónito, pero que podía decir, ¿la crisis?, joder, ya se sabía que la cosa estaba chunga, pero todos lo soportaban con estoicismo, no había que magnificar los acontecimientos, además tampoco se sacaba nada con ello.
Le estuvo dando vueltas otros días, y finalmente se decidió a hacer una visita al domicilio de Juan. Si estaba inmerso en una depresión, lo mejor eran los buenos amigos, y a ser posible salir a tomar algo por ahí, seguro que eso le sentaría bien.
Así que, sin más preámbulos, se dirigió a casa de Juan, con una botellita de whisky que previamente compró, esperando sirviera para endulzar su misión. Le recibió Matilde, que no se sorprendió de verlo, y le dijo “Pasa, pasa al salón, está ahí viendo la tele, así se pasa horas”. Animado por el recibimiento, Ricardo entró el salón y saludó a Juan efusivamente “Coño, tío, me tenías preocupado, pero veo que estás hecho un pincel, eh?”. Juan le sonrió y se puso en pie para saludarle, pero entonces, cayó en redondo agitándose con fuertes convulsiones y babeando por la boca. Matilde entró precipitadamente a atenderle, mientras le decía “Lo siento Ricardo, pero en cuanto se retrasa la medicación, vuelven los ataques, estamos desesperados, no dan con ello, no sé como acabará esto”.
Ricardo salió acongojado a la calle. Ahora comprendía que realmente su amigo del alma “estaba en crisis”.
Ricardo estaba preocupado por Juan, su entrañable amigo y compañero de curro. Hacía tres días que no asistía al trabajo y, que Ricardo recordara, era la primera vez que se producía una ausencia tan prolongada, pues Juan sería un tipo muy juerguista y trasnochador, ahora bien, para cumplir en el curro era siempre el primero. Así que, aunque le daba cierto corte, decidió llamar a su casa a ver que le ocurría.
Se puso Matilde, su mujer, a la que Ricardo conocía solo del día de la boda y por lo tanto no tenía con ella mucha confianza, pero suficiente para preguntarle por Juan “es que como lleva tres días ausente, pues me pregunto si estará bien o si necesita algo”.
Matilde, muy correcta, le agradeció su interés, pero no fue muy explícita en sus explicaciones, se limitó a decir “lo está pasando muy mal, es por esto de la crisis, pero esperamos que en unos días se le pase u vuelva a la normalidad. Le diré que has llamado, gracias por tu interés”. Ricardo se quedó sorprendido por la respuesta, pero no quiso indagar más, en la espera de que pronto recuperaría a su amigo y se explicaría todo.
Pasaron varios días y, una tarde, se topó con Inés, la hermana de Juan, a quien conocía de cuando estaban solteros e iba a casa de sus padres. Aprovechó para preguntar por él. Inés pareció incómoda con la pregunta, pero, pese a ello, le explicó “Mira Ricardo, la verdad es que no se lo quieren decir a nadie, porque pensaban que era algo pasajero pero pasan los días y no parece recuperarse. Es la dichosa crisis esa que le tiene doblao”. Una vez más Ricardo se quedó atónito, pero que podía decir, ¿la crisis?, joder, ya se sabía que la cosa estaba chunga, pero todos lo soportaban con estoicismo, no había que magnificar los acontecimientos, además tampoco se sacaba nada con ello.
Le estuvo dando vueltas otros días, y finalmente se decidió a hacer una visita al domicilio de Juan. Si estaba inmerso en una depresión, lo mejor eran los buenos amigos, y a ser posible salir a tomar algo por ahí, seguro que eso le sentaría bien.
Así que, sin más preámbulos, se dirigió a casa de Juan, con una botellita de whisky que previamente compró, esperando sirviera para endulzar su misión. Le recibió Matilde, que no se sorprendió de verlo, y le dijo “Pasa, pasa al salón, está ahí viendo la tele, así se pasa horas”. Animado por el recibimiento, Ricardo entró el salón y saludó a Juan efusivamente “Coño, tío, me tenías preocupado, pero veo que estás hecho un pincel, eh?”. Juan le sonrió y se puso en pie para saludarle, pero entonces, cayó en redondo agitándose con fuertes convulsiones y babeando por la boca. Matilde entró precipitadamente a atenderle, mientras le decía “Lo siento Ricardo, pero en cuanto se retrasa la medicación, vuelven los ataques, estamos desesperados, no dan con ello, no sé como acabará esto”.
Ricardo salió acongojado a la calle. Ahora comprendía que realmente su amigo del alma “estaba en crisis”.
jueves, 21 de julio de 2011
La Prima de Riesgo
Lo reconozco, es un vicio mío, pero cuando me "machacan" con información respecto a algo en lo que, ni remotamente, puedo participar, interiormente siento un deseo irrefrenable de tomármelo a broma. Por eso se me ocurrió este post, espero coincidan conmigo:
Ahora, con frecuencia, me viene a la memoria un recuerdo de mi época infantil que hace tiempo tenía olvidado. Era allá por los opresivos años 50, cuando mi infancia transcurría plácidamente, recién cumplida la primera decena, y protegido en exceso por mis padres de cualquier peligro físico y, en especial, moral que pudiera acercárseme.
Tenía yo por entonces una prima, Mari Puri, que era unos 10 años mayor que yo y a la que no veía casi nunca por vivir en el otro extremo de la gran capital, pero ello no era obstáculo para que en mi casa se criticaran sus costumbres, al parecer ligeras, y su forma de vestir, demasiado moderna para aquella época. Recuerdo comentarios de mi madre y mi abuela, en los que despellejaban su conducta y como siempre terminaba mi madre con una cantinela que era, más o menos; “!qué riesgo tiene esa niña!, ¡qué peligro tiene!. Por eso yo empecé a considerarla como mi prima de riesgo particular.
Ahora, en mi ancianidad, cuando en la mesa familiar rodeado de hijos y nietos, escucho en el telediario que la primera noticia de cada día es hablar de los peligros de la prima de riesgo, no puedo por menos que dibujar una amplia sonrisa en mi boca, pensando en lo mucho que ha progresado Mari Puri y como a su edad, que ya debe ser muy longeva, todavía es capaz de cotizarse por encima de los 300, e incluso acojonar al personal con amenazas de nuevas subidas. Mientras el resto de la familia me mira cariñosamente y piensa “este abuelo está cada día más gaga!. Lo que no saben ellos es que un día mi prima de riesgo decidió por su cuenta que tenía que espabilar a su primito. Eso fue un poco antes de que se fugara con un teniente de la Legión y nunca más se supo de ella, hasta ahora, claro, cuando la televisión nos informa que anda por Grecia, Portugal e Irlanda de forma peligrosísima y que tengamos mucho cuidado en España que somos los próximos…!qué sabrán ellos!
jueves, 14 de julio de 2011
El pusilánime transfuga
¿Quién no ha sentido alguna vez miedo, o por lo menos, la falta de coraje suficiente para afrontar las situaciones que la vida nos pone delante?. Pues un día se me ocurrió escribir sobre alguien que había pasado por esa fase y, finalmente, lo había superado...
Ahora resulta que había estado todo el tiempo aquí, en casa, y yo sin saberlo
Me gustaría saber quien lo habrá dejado olvidado en ese rincón
Había llegado a levantar los colchones buscándolo
La verdad es que en los días de calor a mi me parecía oler su “tufillo”
Pero ya estaba desesperado, ya lo daba por perdido
En los días fríos, parece que se agudizase su pérdida
Y en las noches…en las noches es tremendo el vacío que me provocaba
Y lo peor es que es una de esas cosas que son irremplazables, no se puede comprar otra
Tampoco estaba asegurado contra su pérdida, no creo que ninguna compañía aceptase ese tipo de póliza
Algunos días yo me estremecía al recordar que carecía de él
No sé como he podido afrontar algunas situaciones con esa carencia
A veces llegué a pensar que no lo necesitaba y que podía atreverme a probar sin ello
Pero la cruel realidad me azotaba siempre cuando me disponía a afrontar la situación
Espero que a partir de ahora, mi vida sea diferente
Y por supuesto que tendré más cuidado para que no me vuelva a pasar
Hoy, el primer día después de recuperarlo, ya me han dicho que se me ve distinto
Y es que se tiene que notar, ahora soy una persona con …VALOR
Ahora resulta que había estado todo el tiempo aquí, en casa, y yo sin saberlo
Me gustaría saber quien lo habrá dejado olvidado en ese rincón
Había llegado a levantar los colchones buscándolo
La verdad es que en los días de calor a mi me parecía oler su “tufillo”
Pero ya estaba desesperado, ya lo daba por perdido
En los días fríos, parece que se agudizase su pérdida
Y en las noches…en las noches es tremendo el vacío que me provocaba
Y lo peor es que es una de esas cosas que son irremplazables, no se puede comprar otra
Tampoco estaba asegurado contra su pérdida, no creo que ninguna compañía aceptase ese tipo de póliza
Algunos días yo me estremecía al recordar que carecía de él
No sé como he podido afrontar algunas situaciones con esa carencia
A veces llegué a pensar que no lo necesitaba y que podía atreverme a probar sin ello
Pero la cruel realidad me azotaba siempre cuando me disponía a afrontar la situación
Espero que a partir de ahora, mi vida sea diferente
Y por supuesto que tendré más cuidado para que no me vuelva a pasar
Hoy, el primer día después de recuperarlo, ya me han dicho que se me ve distinto
Y es que se tiene que notar, ahora soy una persona con …VALOR
lunes, 4 de julio de 2011
La socarronería
Tengo que confesar que la primera vez que me llamaron socarrón me agarre un fuerte mosqueo, porque era una palabra que no escuchaba desde hacía muchos años y entendí que la primera de sus dos erres era en realidad una b. El lector puede extraer las consecuencias que se derivaron de este equívoco, después, una vez aclarado, corrí al diccionario para darle la interpretación correcta y descubrí “persona burlesca, disimulada e irónica”, suspiré aliviado pues estaba totalmente de acuerdo con el apelativo que me habían dirigido. En aquel entonces yo era un perfecto socarrón.
Ahora, muchos años después, he elegido esta palabra para desarrollar uno de estos breves ensayos con los que no pretendo otra cosa que ordenar mis ideas y entretener al lector ávido de novedades y he preferido hacerlo tomando como base la actitud, en vez del sujeto. Les explicaré porqué; hablar de “socarronería” me produce la sensación de que es una palabra que si la digo cuatro o cinco veces en el texto habré prácticamente llenado un folio y ello me evitará extenderme demasiado sobre su contenido, que por otra parte me merece todos los respetos, pues en el mundo de hoy, lleno de codicias, envidias y otros males, ¿puede haber alguna actitud mejor que la burla?, quizás el desprecio, pero eso puede herir sentimientos de forma más cruel que la ironía. Por ello quiero preconizar, promover, propugnar que practiquemos todos un poco más la socorrida socarronería, además así, podremos eludir tener que razonar los grandes problemas que a diario afrontamos.
He hablado de burla y de ironía, pero he dejado sin mencionar el tercer epíteto que el diccionario aplicaba, no menos importante que éstos, “el disimulo”, o como los psicólogos lo llaman, “el confirma borrico”. Esta es una cualidad que las personas que saben interpretarla a la perfección es porque poseen un don especial, pues en los tiempos actuales es difícil disimular. La gente pervierte este verbo, y se disfraza, se muda de rol, pero el auténtico disimulo está solo al alcance de los buenos estrategas. Consiste en estar presente pero pasando desapercibido, distraerse del hecho voluntariamente. En fin, es todo un ejercicio que necesita una práctica para hacerse con la corrección debida, yo recomiendo insistentemente realizar a diario algunos actos de disimulo con objeto de perfeccionarlo para cuando sea menester su utilidad.
Ahora bien, en el otro lado de la balanza debemos reflexionar sobre que actitud es preferible tomar cuando nos enfrentamos a alguien que desborda socarronería (¿cuántas veces van?). Podemos optar por sentirnos ofendidos, humillados, dolidos, pretender ignorarlo. Pues bien, mi recomendación es pasar rápidamente al contraataque y responder con la misma moneda, ello suele provocar la mayoría de las veces, si el contrario es digno rival, un diálogo hilarante y pleno de ocurrencias del que se desprenderán positivas conclusiones para ambos.
He aquí entonces la moraleja de este texto, utilicemos la socarronería con habilidad y prudencia, en la seguridad de que redundará en un divertimento general y si alguien se molesta, bajemos nuestro diapasón un punto, pero no pidamos excusas pues el buen socarrón nunca ofende, solo retrata la realidad con humor y eso no puede ser malo, no caigamos en aquello de “excusatio non petita, accusatio manifesta”, si el contrario no sabe interpretar nuestro humor lo que podemos hacer es recomendarle que asista a cursos de bromas, que lea a Forges y otros humoristas nacionales de reconocido prestigio, y que cuando aprenda a reírse, recapacite sobre la conversación mantenida, seguro que para entonces ha cambiado su manera de verlo.
Terminemos pues intentando poner en rima esta recomendación, a ver si así se tiene más en cuenta:
Practica la socarronería
hazlo con fina ironía
no desmerezcas la burla
siempre que no sea burda
del disimulo haz un arte
que todos querrán copiarte
si te llaman socarrón
no te preocupe en exceso
mejor que te llamen eso
a que te llamen…… (ver el principio de este ensayo).
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