Hoy, 17 de septiembre de 2011, se celebra el tercer aniversario de este blog. En este tiempo 130 seguidores/amig@s me han honrado con su interés y fidelidad, el número de visitantes supera los 15.000 (nunca lo habría imaginado para un blog de poemas), he publicado 161 entradas, es decir, aproximadamente una entrada semanal.
A mi me parece un momento importante para hacer una reflexión y tomar aire. No digo que cierre el blog, tampoco que desaparezco una temporada, solo que voy a tomar aire y cuando me parezca bien y me vuelvan las ganas publico otra vez. Sé que mis fieles me entenderán.
A todos, gracias, muchas gracias, por vuestras visitas, por vuestros comentarios siempre tan entrañables, y...!hasta pronto!.
José María
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sábado, 17 de septiembre de 2011
lunes, 27 de abril de 2009
Evocando recuerdos
Desde los más recónditos rincones de mi memoria me viene a veces el recuerdo inquietante de un personaje de mi niñez. Inquietante porque no logro centrarlo, no sé exactamente a qué corresponde, si a una fábula, cuento, cómic o imagen, pero soy consciente de que en algún momento, en mi infancia, ese personaje se cruzó en mi camino, interfirió mi vida dejando su huella.
He buceado en la literatura, en las bibliotecas, en la filmografía, en espectáculos y cines de entonces, pero ha sido inútil. No doy con ello.
El recuerdo me asalta en los momentos más inesperados, bien sean éstos practicando sexo, en viajes exóticos o en pleno romance idílico con declaración de amor incluida. Esto me hace pensar que quizá tuviera algo que ver con mis primeros amoríos de chaval, y por eso siempre lo evoco cuando me aproximo, de alguna manera, a lo que tanto se marcó en mí.
Pues bien, cuando ya empezaba a resignarme a vivir sin encontrar ni siquiera la más leve referencia al recuerdo, mira por donde, ha tenido que ser en Internet. Claro, ¿dónde sino iba a poder encontrarlo?. Pero no se trata de una simple búsqueda de Google, eso ya lo probé y me salió una tienda de complementos con el dichoso nombrecito. No, ha sido en el mundo blogero donde lo encontré.
Y, claro, se preguntarán mis lectores ¿qué es ello? ¿a qué se refiere que tanto le marcó?. Bueno, pues ya lo desvelo, se llama GATA COQUETA y su blog está al alcance de cualquiera que se interese por leer buenos textos lagatacoqueta.blogspot.com es su link. Yo aconsejo su lectura, a mi me sirvió para aliviar mi desmemoria, ahora sé que ella debía estar en esas fábulas, cuentos o cómics a los que me referí al principio. Espero no volver a perderla de vista.
Con cariño para ella,
genialsiempre
He buceado en la literatura, en las bibliotecas, en la filmografía, en espectáculos y cines de entonces, pero ha sido inútil. No doy con ello.
El recuerdo me asalta en los momentos más inesperados, bien sean éstos practicando sexo, en viajes exóticos o en pleno romance idílico con declaración de amor incluida. Esto me hace pensar que quizá tuviera algo que ver con mis primeros amoríos de chaval, y por eso siempre lo evoco cuando me aproximo, de alguna manera, a lo que tanto se marcó en mí.
Pues bien, cuando ya empezaba a resignarme a vivir sin encontrar ni siquiera la más leve referencia al recuerdo, mira por donde, ha tenido que ser en Internet. Claro, ¿dónde sino iba a poder encontrarlo?. Pero no se trata de una simple búsqueda de Google, eso ya lo probé y me salió una tienda de complementos con el dichoso nombrecito. No, ha sido en el mundo blogero donde lo encontré.
Y, claro, se preguntarán mis lectores ¿qué es ello? ¿a qué se refiere que tanto le marcó?. Bueno, pues ya lo desvelo, se llama GATA COQUETA y su blog está al alcance de cualquiera que se interese por leer buenos textos lagatacoqueta.blogspot.com es su link. Yo aconsejo su lectura, a mi me sirvió para aliviar mi desmemoria, ahora sé que ella debía estar en esas fábulas, cuentos o cómics a los que me referí al principio. Espero no volver a perderla de vista.
Con cariño para ella,
genialsiempre
domingo, 21 de septiembre de 2008
Las vicisitudes
¿Alguien no ha oído hablar alguna vez de las vicisitudes?, pues de ser así, solo necesita escuchar las noticias de un telediario cualquiera y seguro que las nombran alguna vez.
Las vicisitudes son algo que a ciencia cierta no se sabe que es ni como son, nadie las ha visto, no se conoce donde habitan, si es que habitan, ni siquiera se conoce quien les puso el dichoso nombrecito. Lo único que se sabe con certeza de ellas es que son las culpables de prácticamente cualquier desgracia o fatal acontecimiento que sucede a nuestro alrededor.
Así, ¿Qué tenemos crisis económica?, pues lo provocan las vicisitudes externas, porque eso sí, se las puede adjetivar en externas e internas, en benignas o muy dañinas, en malas o peores, en catastróficas, en climatológicas, en….un sinfín de posibles adjetivos que en el fondo solo contribuirán a agravar los daños que producen por sí solas.
Alguien podría argumentar que no será para tanto, y que en alguna ocasión se ha citado este sustantivo para resaltar el éxito de alguien. De acuerdo, pero se ha dicho “pese a las vicisitudes sufridas”…, es decir que sin ellas le habría resultado todo más fácil.
Pero esto no resuelve el enigma, ¿Qué es realmente una vicisitud?, porque si no se conocen, ¿Qué podemos hacer para evitarlas?. Pues lo único que podemos aportar en un análisis etimológico de la palabra es que es algo que nunca es lo principal, ya que el prefijo vice (en este caso vici) se aplica para nominar al segundo en un escalafón (ejemplo, vicepresidente). Pero entonces si aceptamos que hay algo por encima de ello, debería tratarse de las “situdes”, es decir de las situaciones, y por ahí van los tiros, una vicisitud es una situación de segundo nivel, por lo tanto si buscamos la situación principal encontraremos el origen del problema que nos ocupa.
Considero que con esta aportación estoy dando la receta para solucionar la actual crisis económica, razón por la que no me duelen prendas en auto nominarme para el premio Nobel de economía. He aquí una vicisitud agradable, por fin puedo contradecirme a mi mismo.
Las vicisitudes son algo que a ciencia cierta no se sabe que es ni como son, nadie las ha visto, no se conoce donde habitan, si es que habitan, ni siquiera se conoce quien les puso el dichoso nombrecito. Lo único que se sabe con certeza de ellas es que son las culpables de prácticamente cualquier desgracia o fatal acontecimiento que sucede a nuestro alrededor.
Así, ¿Qué tenemos crisis económica?, pues lo provocan las vicisitudes externas, porque eso sí, se las puede adjetivar en externas e internas, en benignas o muy dañinas, en malas o peores, en catastróficas, en climatológicas, en….un sinfín de posibles adjetivos que en el fondo solo contribuirán a agravar los daños que producen por sí solas.
Alguien podría argumentar que no será para tanto, y que en alguna ocasión se ha citado este sustantivo para resaltar el éxito de alguien. De acuerdo, pero se ha dicho “pese a las vicisitudes sufridas”…, es decir que sin ellas le habría resultado todo más fácil.
Pero esto no resuelve el enigma, ¿Qué es realmente una vicisitud?, porque si no se conocen, ¿Qué podemos hacer para evitarlas?. Pues lo único que podemos aportar en un análisis etimológico de la palabra es que es algo que nunca es lo principal, ya que el prefijo vice (en este caso vici) se aplica para nominar al segundo en un escalafón (ejemplo, vicepresidente). Pero entonces si aceptamos que hay algo por encima de ello, debería tratarse de las “situdes”, es decir de las situaciones, y por ahí van los tiros, una vicisitud es una situación de segundo nivel, por lo tanto si buscamos la situación principal encontraremos el origen del problema que nos ocupa.
Considero que con esta aportación estoy dando la receta para solucionar la actual crisis económica, razón por la que no me duelen prendas en auto nominarme para el premio Nobel de economía. He aquí una vicisitud agradable, por fin puedo contradecirme a mi mismo.
La Pereza
Cuando se despertó de la siesta y recordó que había prometido escribir un ensayo sobre “la pereza”, se sintió invadido por la misma. No podía recordar en que momento se había comprometido con el director del periódico, pero tampoco sabía a cuento de que razón tenía él que poner en solfa los dichosos pecados capitales.
El caso es que poco a poco, había ido desgranando hasta 6 artículos para el suplemento dominical en los que progresivamente había desmenuzado los conceptos relativos a la ira, la gula, la envidia, la lujuria, la avaricia y la soberbia. Pero de una manera involuntaria había ido arrinconando la pereza, porque era el único de los pecados en el que se reconocía, hasta el punto de poder argumentar como el poeta “¿Qué es pereza?¿ y tu me lo preguntas?.... pereza soy yo”, pero no le parecía prudente comenzar su artículo con una confesión de ese calibre, así que siguió dando vueltas a su cabeza, mientras el sopor le invadía en un estado de semiletargo.
Al rato comprobó que la luz diurna declinaba ya en la ventana y él seguía tumbado sin ganas de levantarse, conocedor del dilema al que se enfrentaría tan pronto decidiera hacerlo.
Finalmente, pasadas las 8 de la tarde, no le quedó otro remedio que intentarlo. El artículo debía llegar a redacción antes de las 9, con lo cual solo restaba una hora para escribirlo, corregirlo y enviarlo por mail. Se sentó arrastrando sus pies y su mente, frente al acusador teclado del ordenador, y de una forma mecánica escribió:
“Pereza : Dícese de la señora de Pérez”
“Diligencia: Vehículo arrastrado por caballos que en el lejano Oeste americano transportaba viajeros y correspondencia entre ciudades”.
Combínense estos dos elementos y tendremos que contra la señora de Pérez lo mejor es usar una diligencia….¿estará pensando Pérez en deshacerse de ella enviándola al lejano Oeste?. Esta es la duda que nos corroe la mente cuando este tortuoso pecado nos impide atender nuestras obligaciones.
Nunca comprendió porque no le publicaron este corto artículo, ni porque el director se lo tomó como una burla y le envió una carta acompañada del finiquito, con la que ponía fin a sus colaboraciones semanales, solo pensó que era una lástima, pues tenía preparados dos nuevos artículos para profundizar en los conceptos de pecados mortales y veniales. Decididamente, la gente carecía de sentido del humor.
El caso es que poco a poco, había ido desgranando hasta 6 artículos para el suplemento dominical en los que progresivamente había desmenuzado los conceptos relativos a la ira, la gula, la envidia, la lujuria, la avaricia y la soberbia. Pero de una manera involuntaria había ido arrinconando la pereza, porque era el único de los pecados en el que se reconocía, hasta el punto de poder argumentar como el poeta “¿Qué es pereza?¿ y tu me lo preguntas?.... pereza soy yo”, pero no le parecía prudente comenzar su artículo con una confesión de ese calibre, así que siguió dando vueltas a su cabeza, mientras el sopor le invadía en un estado de semiletargo.
Al rato comprobó que la luz diurna declinaba ya en la ventana y él seguía tumbado sin ganas de levantarse, conocedor del dilema al que se enfrentaría tan pronto decidiera hacerlo.
Finalmente, pasadas las 8 de la tarde, no le quedó otro remedio que intentarlo. El artículo debía llegar a redacción antes de las 9, con lo cual solo restaba una hora para escribirlo, corregirlo y enviarlo por mail. Se sentó arrastrando sus pies y su mente, frente al acusador teclado del ordenador, y de una forma mecánica escribió:
“Pereza : Dícese de la señora de Pérez”
“Diligencia: Vehículo arrastrado por caballos que en el lejano Oeste americano transportaba viajeros y correspondencia entre ciudades”.
Combínense estos dos elementos y tendremos que contra la señora de Pérez lo mejor es usar una diligencia….¿estará pensando Pérez en deshacerse de ella enviándola al lejano Oeste?. Esta es la duda que nos corroe la mente cuando este tortuoso pecado nos impide atender nuestras obligaciones.
Nunca comprendió porque no le publicaron este corto artículo, ni porque el director se lo tomó como una burla y le envió una carta acompañada del finiquito, con la que ponía fin a sus colaboraciones semanales, solo pensó que era una lástima, pues tenía preparados dos nuevos artículos para profundizar en los conceptos de pecados mortales y veniales. Decididamente, la gente carecía de sentido del humor.
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