Les gusta mi poesía

viernes, 18 de septiembre de 2015

Quisiera ser



Quisiera escanciar tu sonrisa en mi copa y así poder beberme tu alegría


Quisiera ser el embrujo de tus tirabuzones, para ver como acaricias despertares


Quisiera ser la mañana que envuelve tus pudores, para saciar así mis apetitos


Quisiera ser el eco de tus profundos sueños, y aprender de las brujas las artes quirománticas


Quisiera ser el ave que aletea en tu espalda, y acariciarme con tu vello estremecido


Quisiera ser reflejo de tu cuerpo en el aguas, para ondularme entero a base de pedradas


Quisiera ser aliento del bosque adormecido, en el que yo me pierda, buscando tu ombligo



Y por encima de todo, quisiera ser tus ojos, tus párpados, tus labios, tu boca, tu cabello, y besar, sin ambages, tu cuerpo que me hechiza

miércoles, 5 de agosto de 2015

Influencias lunáticas

Erika llevaba tiempo planteándose cambiar radicalmente su vida.

Había nacido en el mes de Julio y, sin poder ella elegir, pertenecía al signo de Cáncer, del cual se dice que sus portadores están influenciados, positiva o negativamente, por la magia de la luna llena.

Ella no quería creer en esas elucubraciones, pero debía admitir que su vida actual dependía exclusivamente de la luna. Sus horarios, sus vacaciones, todos sus planes se veían determinados por la luna, y eso era lo que ella quería cambiar.

Desde que faltaron sus padres y le dejaron su pequeño piso en herencia, había vivido una vida austera, privándose de muchos de los placeres de la juventud y dedicada, casi exclusivamente a su trabajo como camarera en un disco-pub de moda, al que había dedicado ya cinco años y era la más antigua de la plantilla. Su buen hacer y su profesionalidad  habían conseguido que el gerente del local la mantuviera al frente del personal de barra, y las propinas de los clientes contribuían a engrosas sus ahorros, con los cuales estaba en condiciones de plantearse dar la vuelta al mundo varias veces seguidas, esa era su motivación.

Pero hasta entonces, Erika continuaba su ritmo de trabajo acostumbrado, marcado siempre por los designios de la luna. Llegaba puntualmente, una hora antes de que se procediera a abrir al público y encender el luminoso de la fachada que daba título y crédito al local en la noche capitalina. Se enfundaba el escueto y mínimo uniforme que la dirección tenía diseñado para las camareras y que a menudo le costaba tener que poner freno a las intenciones de algún cliente pasado de copas, procedía a ordenas mesas y bebidas y a la hora convenida se encontraba en su puesto con la mejor sonrisa, dispuesta a atender a los clientes tempraneros.


Era el momento en que los porteros y vigilantes abrían las puertas con solemnidad como cumpliendo un estudiado ritual y se encendía el magno luminoso que podía verse desde diferentes puntos de la ciudad. En él bajo el epígrafe “disco-pub” resaltaba estelarmente el nombre mágico:  LA LUNA

miércoles, 18 de marzo de 2015

Efectos lunares



Los investigadores cósmicos de la NASA y de otros organismos estatales de todos los países llevaban una semana reunidos en París, discutiendo los efectos que nuestro planeta tiene sobre los seres humanos que habitamos la tierra, es lo que ellos denominaban “efectos lunares”


ERIKA, sin estudios astronómicos, sabía de ese tema más que todos los reunidos. Conocía perfectamente la reacción que se producía en los cuerpos terrestres, dependiendo del número de lunares de su cuerpo que ella,, con cuidadoso control, estuviese dispuesta a enseñar

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Soledades

Este es el relato con el que recientemente he participado en el IV Concurso de Microrrelatos del Colectivo de Letras Libres.



Siempre se había considerado una mujer feliz, tanto en su infancia como en su matrimonio. Su única desdicha era que, debido a un problema hormonal, no conseguía retener los embarazos más allá de cuatro o cinco semanas.
De nada valía la progesterona, el reposo absoluto y otros tratamientos que, múltiples doctores, probaron con ella. Parecía que su vientre se empeñaba en rechazar el embarazo al llegar a esos fatídicos plazos.
Tras el cuarto intento fallido, los médicos, como habían hecho otras veces, le recomendaron asistencia psicológica, pero ella hacía gala de una férrea voluntad e insistía en continuar su vida normal cuanto antes.
Después del cuarto aborto, su marido empezó a observar conductas extrañas en ella, hablaba sola, sonreía a menudo mientras miraba al vacío…

Una noche se sorprendió cuando notó que ella se había levantado de la cama. Se levantó él también y vio que había una tenue luz en el cuarto que habían preparado para los niños y que trataban  de evitar. Abrió la puerta con sigilo y sorprendió a su mujer cantando bajito una nana ante una estantería. En ella, en cuatro frascos rellenos de formol, estaban los restos de los fetos que nunca llegaron a vivir.



!!FELICES FIESTAS NAVIDEÑAS PARA TODOS MIS SEGUIDORES Y AMIGOS!!

martes, 4 de noviembre de 2014

Historias cruzadas

Ella pertenecía al cuerpo de bomberos municipal y, cuando no había salida, tocaba entrenarse duramente para estar siempre preparados ante una posible alarma.

Esa tarde habían tenido que hacer frente a un pequeño fuego doméstico, aparentemente inofensivo, pero que había implicado el rescate de dos menores que se habían quedado solos en el interior de la vivienda. Ella había sido una de los rescatadores.

El era ingeniero de obras. Se pasaba el día entre numerosos cálculos e infinitos procesos para los proyectos en curso. Ahora mismo, la construcción de una nueva presa en el cauce del Guadalquivir ocupaba la mayor parte de su tiempo, si bien también debía atender otros proyectos menores que, nunca se explicaba cómo, siempre recaían en su mesa.

Volvía a casa, cansado pero deseoso de encontrar a su pareja, conocedor de que  ahora le tocaba calcular la resistencia, porosidad, ductilidad, permeabilidad, humedad y otros cuantos factores de un material muy distinto, un material que llevaba nombre de mujer,  pero esos cálculos siempre los hacía con gusto.


Ella llegaría casa, tomaría una ducha que limpiase los restos de hollín de su cuerpo y buscaría su compañía. El problema es que ese fuego que tenía en casa, ni quería apagarlo ni sabía cómo.

lunes, 6 de octubre de 2014

Clínica de salud

El día que abrieron, cerca de mi casa, una pequeña clínica, supe que por fin mis males tendrían remedio.
Se trataba de la típica clínica de barrio, que ofrece sus servicios, de medicina general, pediatría, enfermería y, de paso, se ocupan de tramitar la renovación de carnets de conducir, permiso de armas, ect.

Bombardearon el barrio con sus octavillas publicitarias y tuve la fortuna de que una de ellas vino a parar a mi buzón, aunque luego me encontré otro par en las escobillas de mi coche. Ofrecían sus servicios, añadiendo a lo antes citado, algún detalle más de lo que genéricamente abarca la enfermería, como puede ser, toma de muestras para analíticas, sondas, extracción de cuerpos extraños y otras  de ese calibre y, lo más importante, ofrecían sus servicios en su consultorio o a domicilio si el paciente lo requería.

Yo sufría por entonces un picor general, que se convertía en comezón en determinados momentos, casi como si fuese una quemadura, escozor, irritación, hinchazón, me subía la temperatura corporal y no me dejaba descansar, así que, sin dudarlo, llamé por teléfono y les pedí se pasaran a hacerme una visita.


Llegaron increíblemente rápido, se notaba que aún tenían pocos clientes, les hice pasar al salón y una vez allí fui derecho al problema, ¿ustedes extraen cuerpos extraños, verdad?, pues, por favor, sean eficaces y de forma no muy dolorosa, ¡llévense a mi mujer!

domingo, 7 de septiembre de 2014

La bicicleta

A Tomás siempre le había apasionado la bicicleta, era una afición heredada de su padre, quien participaba en algunas pruebas locales, e incluso llegó a inscribirse en un club de ciclismo profesional, siendo gregario de las figuras de aquel entonces, como un tal OCAÑA, que al parecer llegó a ganar el Tour de Francia, pero Tomás esos tiempos no los había conocido.

Para él era una modesta afición que practicaba con entusiasmo los domingos, y le permitía liberarse de la rutina del trabajo diario y de los agobios de la gran ciudad. Pedaleaba durante 60 ú 80 Kms., cada día en diferentes direcciones, para que el paisaje fuera cambiante y así poder disfrutar de la naturaleza.

Un domingo de marzo, cuando la primavera empezaba a estallar,  paro su pedaleo para asistir a otro ciclista que al parecer había pinchado y estaba varado en el arcén esperando ayuda. La solidaridad y mutua ayuda entre los deportistas era algo que Tomás llevaba siempre a rajatabla, pues ya en alguna ocasión también a él le habían echado una mano por cámaras pinchadas o cadenas rotas.

Cuando se acercó al compañero, observó que bajo el casco obligatorio, se escondía una preciosa cabellera rubia, y detrás del maillot ajustado, unos magníficos pechos de mujer reclamaban su libertad, se trataba de EVA, quien se presentó a si misma como una mujer deportista, moderna, educada y agradecida.

Entre ambos surgió rápidamente una amistad que el tiempo se ocupó de convertir, sin casi advertirlo ellos, en un amor forjado a ritmo de pedales y consumado sobre las frescas hierbas de valles serranos que disfrutaban juntos. Su relación fue creciendo y pronto se fueron a vivir juntos y planearon un futuro en común.

Dos años después a EVA le diagnosticaron un tumor maligno y seis meses más tarde fallecía, entre el dolor de TOMAS y de su familia, que vieron impotentes cómo no se podía hacer nada por evitarlo.

TOMAS retomó la práctica del deporte ciclista que había dejado abandonada para dedicarse a EVA durante esos duros meses. Ahora lo hacía para liberar su mente de recuerdos que un día fueron felices y ahora le resultaban muy amargos.


Sin querer un domingo se dirigió hacia el acantilado costero, del que tantas veces había disfrutado, y al llegar a su borde lanzó la bici al vacío como muestra de inconformismo con lo que el destino le había reservado, lo que no hizo, porque pensó que así el acto quedaba más garantizado, fue apearse previamente de la bicicleta.