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jueves, 26 de abril de 2012

FANTASMAS

Este año, el Taller de Letras Libres, al que asisto desde hace ya 5 temporadas, va a publicar un cuadernillo, como todos los años, con textos diversos de todos los alumnos, corregidos y mejorados por el Grupo.
El título del cuadernillo es FANTASMAS, "aprendiendo de mis errores". A mi me parecía que los diferentes relatos que se van a incluir en este cuadernillo eran demasiado tétricos, con muertes, suicidios y espíritus por todas partes. Por ello, he querido poner una gota de humor, respetando el título referente y se me ha ocurrido esta tontería, que sorprendentemente, mis compañeros, que me quieren mucho, han decidido incluir como un relato más.
Hoy lo publico aquí para que tambíén mis seguidores compartan esta sonrisa:


No podía resistir dejarme invadir por la melancolía cada vez que en una reunión de amigos ellos, llevados por la costumbre, pedían un determinado refresco, solo o con alcohol, eso me era indiferente. El origen de esta costumbre la impuso mi amada BEA, quien con su risa fresca y cantarina, continuamente solicitaba a los camareros más bebida, en concreto más FANTA.


Nunca supe el porqué de esa devoción por la mencionada marca, ni como podía trasegar 8 o 10 botellas en menos de 2 horas, de ese líquido dulzón y con sabor a jarabe, sin ni siquiera ir al baño una sola vez a dejar sitio a las siguientes.

Pero BEA se fue, y allí donde haya ido no creo que tengan esa bebida.

Así transcurrieron los dos últimos años, hasta que conocí a ARANTXA, ella bebe cerveza y vino tinto como el que más, y yo, liberado de mis recuerdos, en las reuniones de amigos, grito a los camareros:


POR FAVOR….MAS FANTAS, MAS!!

jueves, 22 de enero de 2009

El esquirol

Afectado por una polineuritis de origen alcohólico Tom transcurría sus días entre el viejo sofá del salón donde dormitaba viendo la televisión y la mecedora en la que prefería sentarse cerca del fuego de la chimenea. Lo que más lamentaba de su enfermedad era que le impidiese escribir, pero sus torpes manos se habían deformado completamente y ya era incapaz incluso de llevarse la comida a la boca sin derramarla.

Esa noche, después de ayudarle con la sopa, su mujer, como cada día, le peguntó si deseaba alguna otra cosa antes de irse a descansar, a lo que Tom invariablemente le respondía “Escancia un doble del amigo Johnny el caminante, (en referencia a su whisky preferido)”.

Su mujer pasaba olímpicamente de esa respuesta, pues sabía que lo hacía para ver si todavía se irritaba con él, así que tranquilamente, se dirigió a la cocina a recoger los restos de la cena y preparar las habituales dosis vespertinas de píldoras medicinales que el doctor había recomendado para aliviar al menos la dolorosa enfermedad, ya que su cura parecía ser que no era posible.

Tom decidió continuar con la tarea que había comenzado hacía unas semanas de repasar las fotografías familiares que estaban pulcramente ordenadas por años, con un álbum dedicado a cada año. Esa noche le tocaba el turno a 1.968. Tom dudó, porque ese año fue cuando su vida tomó un giro inesperado y comenzó su calvario, que a la postre sería el origen de la bebida. Sabía que afrontar esos recuerdos le produciría nuevos sufrimientos que deseaba evitar, no había vuelto a saber nada de los compañeros que se dejaron fotografiar con él en los momentos alegres y a los que posteriormente había traicionado.

Estuvo tentado de llamar a su esposa y pedirla que le retirara ese álbum y le trajera el siguiente, pero eso solo habría supuesto aplazar el momento, pues él no podría descansar sabiendo que allí estaban las fotos de sus infiernos, así que agarrando torpemente el viejo álbum, lo echó a la chimenea y se quedó mirándolo crepitar. No sabía si de esa forma se liberaba pero al menos, la tentación fotográfica había desaparecido. Pero lo cierto es que había destapado la caja de los truenos y, inexorablemente, tenía que recordar lo sucedido si quería reencontrar su paz, así que se recostó en la mecedora y empezó a visionar internamente todo lo sucedido.