Les gusta mi poesía

miércoles, 12 de febrero de 2014

Impulso homicida



Tenía yo una mañana relajada y tranquila, por eso me extrañó más lo que sucedió después y que voy a narrar para conocimiento de mis lectores, por si acaso alguna vez pasan por un trauma parecido.

Me levanté inusualmente tarde, quizás porque la persistente lluvia nocturna me había convencido de la inutilidad de salir a realizar mi acostumbrado paseo matinal. Con tiempo por delante, atendí mis labores higiénicas, me preparé un copioso desayuno y, a falta de paseo, disfruté de la mañana escuchando música clásica que es otra de mis aficiones favoritas y leyendo correos electrónicos que se me habían acumulado durante mi reciente viaje en el que había desatendido por completo mis contactos cibernéticos.

A eso de la una del mediodía, al ver que clareaba la mañana, decidí acercarme al Bar Tomás, donde solía coincidir con algunos amigos y charlar un rato de nuestras respectivas aficiones (fútbol, cine, lectura…). Sabía que era temprano, pues ellos no aparecen antes de las dos ya que todavía tienen obligaciones laborales que les esclavizan, cosa de lo que yo me había liberado al jubilarme, pero mientras llegaban, gustaba de leer el Diario y ponerme al tanto de las noticias locales. Pedí a Tomás una cervecita y unas “papas aliñás” a las que su mujer les sabe dar un toque muy especial, y me apoyé en la barra abstrayéndome de las conversaciones de los otros parroquianos.

Al poco rato, llegó ella, morena, muy morena, largas piernas, ojos grandes y queriendo llamar la atención claramente. Para mi desdicha se fue a colocar a mi lado, lo cual hizo que mis sentidos se alertaran porque sabía que este tipo de personajes siempre acaban produciendo problemas. Se acabó la tranquilidad, pensé mientras decidía si cambiarme de sitio, pero la barra estaba al completo y  no soy amigo  de sentarme en los bares. Por otro lado, mi orgullo me decía que no podía ceder en retirada, cuando todavía no se había iniciado el ataque.

Sin embargo, en mi interior algo estaba cambiando, la adrenalina o la bilirrubina me estaban llevando a un estado preocupante, pues incluso sentía ganas homicidas. Esta situación, que ya la había sufrido en otras ocasiones, había llegado a comentárselo a mi médico, quien le había restado importancia y me recomendaba que me relajase y controlase la respiración como único remedio. Intenté, por ello, concentrarme y respirar profundo, pero yo notaba que mi mano derecha se tensaba y agarraba y estrujaba el periódico ya doblado con inusitada fuerza.

Mientras tanto, ella me había rodeado y pasado de derecha a izquierda, como queriendo cortar cualquier intento de huida, que seguramente había detectado en mi extraño comportamiento. Parecía interesarse en mi ración de “papas”, que aunque ya menguada todavía quedaban restos en el plato, pero esto solo era una distracción pasajera, pues al instante, sentí que me rozaba la mano izquierda y fue como una descarga eléctrica en mi sistema nervioso.


No pude esperar más, sin vacilación posible enarbolé con la derecha el periódico doblado y lo descargué sobre su cabeza, con la mayor fuerza que pude arrojar en el movimiento. Al instante comprendí que ya no había que temer nada, la mosca estaba aplastada en la barra del Bar Tomás, todo volvía a la calma previa a su llegada, todo excepto mi control personal que una vez más había quedado hecho trizas.

viernes, 31 de enero de 2014

CONVERSACIONES ENCRIPTADAS


Me han encomendado hacer un texto sobre conversaciones oídas al azar. Creo que podría salir a la calle, mezclarme con la gente y escuchar, pero me parece que tengo algo más importante que contar. Quizás la conversación que voy a narrar no sea todo lo inteligible que me gustaría que fuese, pero, precisamente por eso, estoy seguro que guarda secretos y enigmas que pudieran resultar vitales para la sociedad.




Mi casa linda a la derecha con una gran finca que, aprovecha la fuerte pendiente de la calle, para tener un enorme garaje. Al lado de mi puerta se alzan otras dos enormes, que dan acceso al garaje antes citado. Yo solo veo el fondo, porque hace una “L” y el ramal más largo solo puede verse si uno se introduce en el garaje, pero dado que de fondo ya permite aparcar a dos coches en línea y calculando la longitud de la finca, pienso que podrían caber otros 10 coches en la parte oculta, es decir se trata de un gran garaje.

Hace años, el vecino propietario guardaba en él un barco, que dos veces por semana lo sacaba enganchado a una furgoneta Renault y se iba de pesca todo el día. También guardaba una furgoneta DKV, con la que su esposa se iba a los mercadillos cargada de cajas y ropa diversa. Esa era su vida.

Ahora se han jubilado, él vendió el barco y se quedó con la Renault. Ella vendió la DKV y se quedó con un antiguo Renault 8, muy viejo, pero que lo utiliza con soltura y además nunca lo introduce en el garaje, siempre lo deja aparcado fuera, lo que, unido a la amplia raya amarilla de su vado, contribuye a reducir el número de plazas de parking de la calle, lo que fastidia a los que aparcamos siempre a la intemperie.

Pero me estoy desviando, desde hace un par de años, todos los jueves y domingos por la tarde, en horario aproximado de 16.00 a 21.00, se reúnen en el garaje un grupo numeroso de personas. No siempre son las mismas, ni tampoco el número de ellas coincide (unos días son pocas y otros muchas), pero se hacen oír en el inicio y el final de sus reuniones. La propietaria del garaje dirige esas reuniones y recibe a sus invitados generalmente, aunque a veces tiene algún asistente que la sustituye. La mayoría son mujeres, pero también algún hombre se deja ver por allí. La edad es muy variable, desde jóvenes de veinti-pocos a personas muy mayores.

¿Qué tipo de reunión es?. A mí se me antoja alguna secta, pues no me parece público para reuniones políticas ni sociales, pero ¿qué hacen durante casi 5 horas allí reunidos?. Pues eso es lo que voy a contar transcribiendo literalmente una de las conversaciones escuchadas, que difieren poco de una reunión a otra, Está claro que el lenguaje que utilizan es cifrado, pero espero que algún lector u oyente de este texto pueda arrojar luz sobre su significado y deseo que el mismo no se trate de algo comprometedor, peligroso o de alguna manera maligno para la sociedad.



La propietaria, con voz alta y clara dice, por ejemplo, así:



“sesenta y ocho, seis ocho,…pausa de unos tres segundos, setenta y cinco, siete cinco,… otra pausa, veintidós, los dos patitos,…otra pausa, quince, la niña bonita… pausa”

Y así sigue hasta que una segunda voz la corta diciendo también alto y claro “LINEA”… para mí que esto significa poner fin a un párrafo, pues hasta entonces los asistentes se han debido dedicar a ir traduciendo el lenguaje cifrado y uniendo palabras. Tras esta interrupción, suele levantarse un leve murmullo de conversaciones, que no puedo distinguir, pero que parecen propiciadas por el lógico descanso de la interrupción. Este murmullo dura poco, porque rápidamente la propietaria pone orden diciendo algo que no he acabado de entender, pero que suena algo como “CONTINUAMOS PARA RINGO (para PINGO o algo parecido), y vuelve a declamar, treinta y uno, veinticuatro…de forma que aburrido ya, les dejo con sus códigos y claves.

martes, 31 de diciembre de 2013

A Isabel

Se nos ha ido una compañera del Taller de Letras, una camarada, poeta y madre de poetas. Su corazón no pudo soportar tanta belleza. Ahora ya tenemos a alguien a quien encomendarnos cuando las musas no sean propicias. Yo me la encontré hace unas semanas en un supermercado, y bastó un saludo breve entre nosotros, para que su sonrisa me acompañara todo el día. De ella podría escribirse...


si tuviéramos que describir sus relatos, usariamos la palabra "sencillos"

si tuviéramos que descubrir su mensaje, usaríamos la palabra "profundo"

si tuviéramos que definir su rostro, usaríamos la palabra "alegría"

si tuviéramos que expresar su mirada, usaríamos la palabra "franqueza"

si tuviéramos que opinar sobre sus sentimientos, usaríamos la expresión "madre orgullosa"

si tuviéramos que clasificar el estilo de sus escritos, diríamos sin dudar "POESIA"

y si tuviéramos que resumir todo ésto en una sola palabra, se nos escaparía de la boca "ISABEL"

domingo, 15 de diciembre de 2013

SIMULACRO


GLORIA era una mujer de edad cercana a los 55 años (aunque nadie lo sabía con certeza), que desde muy joven arrastraba un problema degenerativo de la columna vertebral que, además de impedirle el crecimiento normal y haberla dejado fiada en 1,45 m. de estatura, le hacía difícil el equilibrio de forma que al andar se veía en la necesidad de bascular de derecha a izquierda sin control posible de sus movimientos. Le habían ofrecido repetidas veces la invalidez absoluta, y la multinacional en la que desempeñaba un cargo de administrativa le había hecho ofertas reiteradas de prejubilación bastante considerables, pero ella se sentía útil yendo a trabajar a diario. Tenía una buena vecina y compañera de trabajo en su misma calle que diariamente la recogía y la retornaba al portal de su casa, donde vivía con sus ancianos padres, sin saber a ciencia cierta quién cuidaba de quien.


En la oficina, aunque a sus espaldas siempre había algún guasón de humor negro a su costa, era querida y respetada por todo el mundo, ya que su minusvalía se compensaba con una simpatía a raudales, por lo que el aprecio de sus compañeros era unánime. Esto no era impedimento para que si por un azar se la encontraban de frente en un pasillo, rápidamente se girasen para evitar el casi seguro encontronazo, ella se daba cuenta, pero no lo consideraba un desaire sino más bien un gesto de delicadeza para despejar el terreno a sus desconcertantes movimientos.


En una ocasión la multinacional, cumplidora de todas las normativas laborales existentes, realizó, sin previo aviso a los trabajadores, un simulacro de incendio, para comprobar que la evacuación se desarrollaba de forma correcta. A las 12 en punto del mediodía sonó la alarma que pilló a todo el mundo por sorpresa. Lentamente, sin alborotos, los trabajadores bien adiestrados para la ocasión se dirigieron a las escaleras del edificio, ignorando los múltiples y confortables ascensores que éste disponía.

En menos de 3 minutos, todo el personal se agolpaba frente a la puerta principal, esperando el aviso que les permitiría retornar a sus trabajos. Entonces alguien echó en falta a GLORIA, y dio la voz de alarma, al parecer se había quedado en el edificio, con lo cual el simulacro había fallado estrepitosamente, al no garantizar su seguridad, pero entonces surgió la imperante voz del enlace sindical quien tranquilizó a todos manifestando a gritos “No pasa nada, GLORIA está a salvo, yo mismo la he metido en el armario ignífugo”. Cuando se dio la señal de fin del simulacro y se pudo volver a los puestos de trabajo, sus compañeros de departamento se apiñaron delante del armario ignífugo temerosos de saber lo que ocurriría al abrirlo, finalmente el que hacía de jefe se armó de valor y giró la manilla, abriendo ambas puertas. Allí, instalada plácidamente, en posición fetal sobre una de las baldas del armario, rodeada de escrituras, contratos y otros legajos, se encontraba GLORIA descabezando un sueñecito mañanero, conocido desde entonces como “sueño contra incendios”.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Vicios ocultos



A él siempre le habían gustado las casas antiguas. Esas que tenían una o más habitaciones traseras, que daban a un patio interior, o mejor aún, a un corredor acristalado. Desde ese corredor, o desde las ventanas de las habitaciones traseras, en su ausencia, se podía contemplar la vida de los otros vecinos circundantes con su vivienda. Era una manera de inmiscuirse en la vida ajena, sin hacerse partícipe de sus problemas. Desde allí pudo ver como todas las tardes se emborrachaba el vecino del 22 y como después increpaba y, a veces, golpeaba a su sufrida mujer sin que ésta nunca se quejase, también presenció su primer desnudo femenino, cuando la vecina del 3º izquierda se preparaba cada noche para irse a dormir, sorprendentemente observó que no era el único vecino que estaba pendiente de las ventanas a esa hora de la noche.


El cree que esas sesiones de voyerismo devinieron después en sus ansias de escribir y de contar aventuras de otras personas, aunque fuesen inventadas, por eso tituló su primer libro con el pretencioso título “El vecino cotilla”, lo que no esperaba era que la crítica lo ensalzara por haber sabido retratar con firme pulso a tantos frustrados buenos vecinos de su generación.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El "tengaús"



A sus sesenta y muchos años, él todavía se consideraba un hombre joven. Se le iban los ojos detrás de un buen cuerpo femenino, se le antojaban las andanzas de sus colegas treintañeros, se creía capaz de disputar un buen partido de tenis, en fin, vivía como si los últimos 20 años los hubiese vivido otra persona en su lugar.


Por eso, aquella mañana, cuando se cruzó con Ester, la vecina del 3º que proclamaba a los cuatro vientos sus rotundidades y firmezas, le subió a la cabeza un impulso de testosterona y le dijo un requiebro, algo así como “cuando necesites un hombre como los de antes, solo tienes que decírmelo”. Poco esperaba él que Ester, precisamente esa mañana, necesitaba un hombre como los de antes, y mucho menos que sus necesidades se centrasen en cambiar de habitación un armario de tres cuerpos, también como los de antes.

Desde ese día tomó conciencia de su ridículo y de su presente, y cuando se cruzaba con Ester o cualquier otra mujer, agachaba la cabeza y murmura un “buenos días tenga usted”, hasta el punto de que los chavales del barrio le bautizaron con el sobrenombre de "el tengaús".

jueves, 24 de octubre de 2013

Relaciones tormentosas


Ella era partidaria de una postura sumisa, humilde, ignorante, parecía mentira que una mente tan privilegiada como la suya, envuelta en un cuerpo tan perfecto, no fuera capaz de imaginarse otro tipo de situación.


Yo por mi parte, hombre de campo que solo entiende de cosechas y plagas, era más proclive a enseñar mi faceta más agresiva, orgullosa, altiva y todo lo que realmente me apetecía.

Aquella tarde, nuestros caracteres chocaron frontalmente. Cada uno se sumergió en el otro e intentó hacer prevalecer su criterio, pero siempre entregando a la otra parte una cierta dosis de razón, como para hacerla creer que dominaba en algún aspecto. Fue un juego excitante, las horas pasaron increíblemente rápidas, pero, al llegar la noche, advertimos que nos encontrábamos como en el punto de salida, salvo que ambos mostrábamos los primeros síntomas de agotamiento.

Al final, todo se resumía en que era indiferente cualquiera de las dos posiciones. La declaración de Renta salía igualmente a pagar.